¿De verdad es sexista el lenguaje?

Jóvenes reflexionando sobre feminismo

Últimamente, se habla mucho del lenguaje inclusivo. Diversos colectivos feministas afirman que es necesario introducir ciertas correcciones lingüísticas en el habla común para evitar el machismo en el lenguaje, e incluso han creado guías sobre cómo deberíamos hablar para respetar a las mujeres. A día de hoy, tan solo los políticos (y las políticas) aceptan esta imposición y utilizan el lenguaje inclusivo con regularidad, pero la aspiración de estas agrupaciones es hacerlo obligatorio para toda la sociedad.

Dejando a un lado la utilidad académica o social del lenguaje inclusivo, vayamos a la base del pensamiento que lo respalda con una pregunta muy sencilla: ¿Es el lenguaje realmente sexista? ¿De verdad hay un sesgo machista en el castellano actual que requiera de intervención? ¿El género de las palabras está elegido de forma que discrimina a las mujeres?

El género en el lenguaje

Empecemos por el principio. En castellano, todos los nombres del diccionario tienen asignado un género, bien masculino o femenino. Un ejemplo:

El sol y la luna son astros en órbita, estudiados con gran curiosidad por medio de telescopios.

Sol, astro y telescopio son masculinos, mientras que luna, órbita y curiosidad son femeninas. ¿Y por qué están distribuidos así? ¿Es porque el sol es más grande y fuerte que la luna? ¿Porque el astro es material y la órbita, invisible? ¿O porque el telescopio mata la curiosidad? Hay nombres masculinos y femeninos para denominar la maldad y el horror, tanto como el atractivo y la belleza. Si introducimos cualquier palabra en un diccionario de sinónimos, ¿son los atributos de fuerza y grandeza siempre masculinos, o las connotaciones de cariño y sosiego siempre femeninas? Incluso filtrando las palabras con perspectiva de género, resulta difícil encontrar un condicionante machista ancestral en la elección del género de las palabras.

Hasta ahora no se ha dicho nada demasiado controvertido. Pocas personas (que las hay) ven como una ofensa que debilidad sea femenino y vigor sea masculino. En general, se acepta que el género de las palabras es resultado de la evolución natural del lenguaje, fruto del azar o la comodidad, más que otra cosa, y que no hay ninguna orientación sexista en ello. Entonces, ¿qué pasa con el lenguaje inclusivo? ¿Por qué hay colectivos que denuncian que el lenguaje es machista?

El lenguaje inclusivo

En castellano, hay una serie de términos que entran en zona delicada: Los masculinos genéricos que hacen referencia a un grupo de género mixto. Esto es, palabras como diputados, profesores o hipopótamos, que siendo masculinas, colectivizan a varones y féminas. A las agrupaciones feministas, esto les parece machista. Consideran que expresiones como historia del hombre, vecinos de Madrid o canguros en el zoo devalúan a los miembros femeninos del grupo. Que las hacen invisibles. Y que contribuyen a perpetuar la subordinación histórica de la mujer al hombre.

Que las mujeres hemos estado subordinadas al hombre a lo largo de la Historia es indiscutible. Durante mucho tiempo, se nos ha ignorado y privado de educación y derechos. Por supuesto que tenemos que defender la igualdad. Pero esa defensa ha de hacerse con criterio y racionalidad. Algunas veces, el ansia por detectar el machismo nos lo puede hacer ver donde no existe. Es fácil caer en la tentación de deformar la realidad y verlo todo discriminatorio. Y eso no ayuda nada a la verdadera lucha por la igualdad.

Quitémonos un instante las gafas de la perspectiva feminista y analicemos fríamente esta afirmación: El uso genérico de términos masculinos es discriminatorio. ¿Lo es, realmente? ¿De verdad las niñas sonríen liberadas cuando la profe anuncia un examen para todos los alumnos? ¿O una mujer en la sala de espera deja pasar al hombre que llega después porque la médico ha llamado a «el siguiente»?

A mí siempre me ha parecido algo especial disponer de un género exclusivo para lo femenino. La RAE denomina a estos masculinos «de género no marcado», y en realidad, son una especie de cajón de sastre. Se usan para todo y para todos. Decir el hombre es muy impreciso. Decir la mujer es elegantemente inequívoco.

Me cuesta entender que haya corrientes feministas que vean esto como algo ofensivo o desconsiderado. En todo caso, lo sería para los hombres (entiéndase solo como los varones), porque son ellos quienes ven su género contaminado por significados ajenos a ellos. Los hombres (varones) no tienen un género propio. Se lo hemos invadido nosotras. Cuando una profesora ensalza a las alumnas, no está incluyendo a ningún niño (varón). En cambio, cuando alaba a los alumnos, las niñas se cuelan sin pretenderlo en el imaginario de su interlocutor.

¿Por qué, entonces, nos empeñamos en decir que el lenguaje es sexista y discriminatorio? ¿Por qué hace falta explicitar a las mujeres en el lenguaje para darles visibilidad? Igualmente podrían manifestarse los hombres y decir que carecen de identidad propia en el lenguaje, que no desean que lo femenino invada sus palabras. Y sería una postura tan válida como la que rige el pensamiento feminista.

El lenguaje no excluye a las mujeres. En todo caso, hace lo contrario al elevarlas a una categoría única y especial. Hoy en día, tenemos muchas herramientas para defender la igualdad de las mujeres en lo que realmente importa: Nuestros derechos y deberes. Lo demás… tal vez solo sea cuestión de perspectiva.

 

Imagen por cortesía de Free-Photos, publicada en Pixabay bajo licencia CCO Creative Commons.

 

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