«Nubosidad variable», de Carmen Martín Gaite

Reseña literaria Nubosidad variable

Hace tiempo que tenía ganas de animaros a leer una de mis novelas preferidas; para mí, la mejor novela contemporánea escrita en castellano. He leído Nubosidad variable tres veces en mi vida: La primera, buscando consuelo en una tempestad personal; la segunda, añorando a la amiga que me la recomendó; y la tercera, con la serenidad de quien ha aprendido a resguardarse de las tormentas del alma. Y cada vez, he encontrado recovecos y matices nuevos, adaptados a mi estado de ánimo en esos momentos.

Como veis, es una novela que contagia metáforas, (aunque las mías no sean tan logradas como las de Martín Gaite). De hecho, eso de la tempestad es una metáfora doble, ya que en que el dobladillo metafórico del estilo narrativo, Nubosidad variable puede leerse como se contempla una tormenta por la ventana: con serenidad, con la vaga idea general de estar contemplando una maravilla en la que, de pronto, irrumpe un formidable relámpago en forma de frase brillante, de unas pocas palabras hilvanadas de tal forma que llegan a las raíces de la comprensión humana.

Y a mí se me clavaba, al mirarla, una especie de remordimiento que me negaba a analizar, porque se mezclaba con el gusto de tenerla en un puño. ¿Acaso existe en la literatura española un resumen mejor del amor-odio entre una hija adolescente y su madre?

(…) mientras notaba que las lágrimas, el arma más artera contra la clarividencia, volvían a nublar mi capacidad para dilucidar en términos lógicos ninguno de los asuntos de cuya confusión yo misma era cómplice. Ah, esa sensación de angustia, de incapacidad de explicarse ante ciertos ataques de «¿qué te pasa?», «¿qué te he hecho yo?».

Así son los relámpagos de Nubosidad variable. Pequeños arranques de clarividencia que Martín Gaite expresa a partir de retazos de vida. De cualquier vida.

Nubosidad variable es una novela «de cachitos». De relaciones humanas. De amores complicados, de nostalgias de juventud, de escenas que todos hemos vivido, pero jamás podríamos expresar con tanto brillo. Todo ello, a partir de una historia de amistad entre dos mujeres a quienes las circunstancias de la vida han separado y que, ya en esa mediana edad en que o bien vuelves a la vida o te rindes a vivirla a través de los demás, se reencuentran y se dan ánimos mutuamente, como cuando eran colegialas. Una es una psiquiatra de moda con una vida sentimental accidentada. La otra, estudiante prometedora que se acomodó como esposa y madre, empieza a plantearse una salida a un matrimonio muy gastado.

No es necesario decir más. No es una novela para devorar; no tiene un argumento electrizante. Es de esas en las que saboreas cada frase. Es meterte en un desván de tesoros para desempolvarlos uno a uno y ordenar tus propios conocimientos sobre el ser humano. No hay grandes enseñanzas, no se trata de eso. Lo que hay son pequeños dardos disparados al alma para poner palabras a ideas que ya estaban ahí. Alfileres que sujetan mariposas disecadas para apreciarlas mejor. Y muchas metáforas, ya veis. Carmen Martín Gaite tenía un alma metafórica. Solo así pudo bautizar de forma tan precisa el ánimo cambiante de cualquier mujer en períodos intensos de su vida: Nubosidad variable.

La imagen de portada corresponde a la colección de narrativas hispánicas de Editorial Anagrama. La novela fue publicada por primera vez en 1992.

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