Un crucero en el Nilo

El río Nilo en Asuán

¿Hay algo más novelesco, más romántico, que la idea de un crucero por el Nilo? Es uno de los ríos más míticos de la historia. Aquel cuyas fuentes fueron un misterio durante siglos. Se abre camino entre las arenas del desierto, inundándolo todo de vida a su paso. El río de los cocodrilos, las cataratas… y una de las civilizaciones más míticas mundo. Es, en definitiva, el río gracias al cual pudo florecer durante casi 3.000 años el Antiguo Egipto.

Hay más de 300 barcos recorriendo el Valle del Nilo. Son cruceros pequeños, de río, decorados con un aire de grandeza anticuada. Tienen escalinatas de mármol y columnas de pan de oro, todo en tamaño casa de muñecas, y hay un encanto particular en su ingenuo intento por parecerse a los grandes hoteles ingleses de los años 20.

Aunque lo mejor son sus camarotes. Nada de ojos de buey para el Nilo. Las habitaciones tienen grandes y luminosos ventanales, desde los que se ve el río discurrir plácidamente.  Desiertos, palmeras, gentes arreando camellos con túnicas pintorescas… Es curioso que en un país musulmán, los paisajes recuerden tanto a escenas de la Biblia.

Camarote barco río Nilo

El crucero es agradable como medio de transporte pero, obviamente, lo mejor son los lugares que se visitan. Suelen recorrer el trayecto entre Luxor y Asuán en tres o cuatro días. Es la zona conocida como el Valle del Nilo. ¿Y qué hay que ver allí? Pues… el Egipto de los faraones. Nada más y nada menos.

Luxor. El inicio del crucero

Luxor es el nombre moderno de Tebas, la antigua capital del Alto Egipto. Allí se sitúan los templos de Karnak y Luxor en la orilla oriental del Nilo, y la grandiosa, sorprendente Necrópolis de Tebas en la orilla occidental. Aquí vivieron y murieron los faraones del Imperio Nuevo. Un sitio arqueológico en un estado de conservación sorprendente. Si quieres saber más de ellos, te recomiendo que leas las dos canicas siguientes:

Tras pasar el día en Luxor, el barco zarpa al atardecer y remonta el Nilo durante toda la noche. Supera la esclusa de Edna y atraca en Edfu para ver el templo homónimo a primera hora de la mañana. Desplazarse en calesa hasta allí es una turistada casi inevitable, pero la visita merece la pena. El templo de Edfu es una auténtica joya, uno de los más imponentes y mejor conservados de todo el imperio.

El templo de Edfu

Templo de Edfu (Valle del Nilo)

Aunque no lo parezca, hay unos 2.000 años de lapso entre la construcción del Templo de Karnak y el de Edfu. Sorprende la uniformidad de estilo arquitectónico en un período tan largo como desde los romanos hasta nuestros días. ¡Lo que han variado las iglesias en este tiempo!

En Edfu también hay pilonos imponentes, jeroglíficos tallados y patios de columnas. Aun así, es posible que para el ojo entendido, el templo de Edfu sea tan distinto del de Karnak como la Catedral de Burgos y la Sagrada Familia. Dedicaré una canica próximamente para explicar algunos truquillos para distinguir los períodos arquitectónicos del Antiguo Egipto.

Edfu es un templo ptolemaico, construido en la época en que los romanos ya habían conquistado (o liberado) Egipto, y querían congraciarse con el país mediante la adopción de las costumbres y modas locales. Podría decirse que este templo es de estilo neoegipcio, del mismo modo que son neoclásicos esos edificios europeos del siglo XIX que evocan nostálgicamente al Partenón.

Está dedicado al dios-halcón, Horus, y sus jeroglíficos narran la batalla contra su tío Seth. Los dioses egipcios eran tan dramáticos como los grecorromanos, y éste es uno de los mitos más conocidos. Comienza con la unión de Isis y Osiris, primitivos reyes de Egipto. Seth era el hermano de Osiris, y lo asesina para usurpar el trono. Isis recupera su cuerpo del río Nilo y concibe de él un hijo póstumo: Horus. A partir de entonces, Osiris empieza a ser venerado como dios de los muertos, pero Horus crece y personifica la venganza por el asesinato de su padre, enfrentándose a Seth y venciéndole.

El templo lo mandó construir Ptolomeo III, aunque su edificación se prolongó durante 200 años, hasta el reinado de Ptolomeo XII. Tras la ruina definitiva del Egipto faraónico, cayó en el olvido. Las arenas del desierto lo dejaron semi-enterrado, y en ese estado lo ocupó una colonia de cristianos coptos, mucho tiempo después. Es por eso que los techos están negros (restos del humo de las hogueras) y muchas imágenes, consideradas heréticas por los coptos, aparecen picadas o desfiguradas (otras quedaron a salvo bajo la arena).

Tiene una atmósfera más familiar que las ruinas de Luxor o Karnak. Hay algo de cripta de iglesia en esos techos de piedra y pasadizos estrechos, en esos vestíbulos en penumbra… En cierto modo, una puede sentir un tenue lazo de unión con la civilización quasi-romana que lo construyó. Una base común, como el latín lo es a muchas lenguas europeas. Muy distinto (y en cierto modo menos exótico) que Karnak, libre por completo de esa influencia romana.

El Templo de Kom Ombo

Templo del dios Sobek (Valle del Nilo)

Seguimos remontando el Nilo en nuestro crucero. Durante el resto del día nos deslizamos perezosamente río arriba, hacia el corazón del país. A última hora atracamos junto al curioso templo doble dedicado al dios Sobek (el dios-cocodrilo) y a Horus. Todo es simétrico. Dos entradas, dos patios de columnas… hasta hay dos altares. Se cree que los locales querían honrar a Sobek, pero lo consideraban un dios demasiado poco importante para erigirle un templo a solas.

También es del período ptolemaico, y aún conserva elaborados capiteles, aunque general, no está en muy buen estado. Sin embargo, presenta algunos indicios tecnológicos que asombran por lo modernos. En un murete del fondo hay tallas de instrumentos quirúrgicos tan parecidos a las balanzas, sierras y fórceps actuales que parece increíble que se conocieran hace 2.000 años. También construyeron un nilómetro. Se trata de un amplio pozo conectado con el Nilo, cuya función era medir la crecida anual. Si las aguas del pozo no alcanzaban una altura determinada, se sabía que la cosecha sería escasa. Si rebasaban cierto nivel, habría inundaciones y destrucción de aldeas y pueblos. Este era el primitivo pero ingenioso sistema empleado para regular la recaudación de impuestos en función de lo que el pueblo podía dar.

Asuán

 

De Asuán, probablemente lo más conocido sea la presa. Sin embargo, también es una ciudad deliciosa en una zona donde el Nilo se vuelve muy cercano. Sus riberas se estrechan, el lecho pierde profundidad y emergen islotes y rocas para explorar. Es la región de la primera catarata, aunque nunca ha habido aquí una catarata propiamente dicha, sino un tramo de rápidos, ahora domesticados por la presa.

Asuán (Aswan en egipcio) es una población milenaria, que hacía de frontera de Egipto y peaje del Nilo en la era de los faraones. Conserva importantes vestigios del Antiguo Egipto, como el templo de Philae o el Obelisco Inacabado en una cantera de granito. Sin embargo, ha sabido conservar un halo de fantasía hasta nuestros días. Fue aquí donde Agatha Christie escribió su famosa novela Muerte en el Nilo, y también donde el Aga Khan se hizo construir un mausoleo a la antigua usanza.

De todas formas, la atracción más impresionante es la obra de ingeniería llamada Presa de Asuán. Es la tercera más grande del mundo. El muro tiene más de 1km de anchura en su base, y ha creado un lago artificial (el Lago Nasser) que se extiende a lo largo de 500km. ¡500! Pensar que una obra del hombre contiene las aguas de un embalse que ocupa la distancia de Orense a Madrid…

No es de extrañar que el lugar esté fuertemente militarizado. Hay soldados y puestos de vigilancia por toda la presa, y se inspecciona a todo vehículo que quiera entrar. Cuando ves la monstruosa masa de agua del lago Nasser, contenida tan solo por ese muro de hormigón, no puedes evitar pensar en lo que pasaría si se abriera una brecha. El agua barrería Asuán, por supuesto… ¡Quién sabe si no llegaría hasta El Cairo!

Reflexionando sobre ello, pienso que la Presa de Asuán constituye uno de los grandes logros del ser humano en el siglo XX. Hace 5.000 años, el aprovechamiento de la crecida del Nilo para cultivar alimentos permitió el desarrollo de una de las civilizaciones más antiguas y duraderas del mundo. Hoy, gracias a la presa, se puede dominar y regular la crecida para obtener dos o tres cosechas al año en Egipto. En cierto modo, es un hito comparable al nacimiento del imperio faraónico.

Y por cierto, una curiosidad sobre la construcción de la presa. Con la creación del lago Nasser, muchas reliquias del pasado iban a quedar sumergidas bajo las aguas. La UNESCO hizo campaña para trasladar las más importantes fuera de peligro. Piedra a piedra, se desmontaron, transportaron y volvieron a montar en zonas más elevadas, en un trabajo complejo y muy tedioso. España fue uno de los países que colaboraron. A cambio de nuestra ayuda, el gobierno egipcio nos hizo un regalo que hoy se expone en un parque madrileño. Se trata del Templo de Debod.

Falucas en el Nilo

Las imágenes son obra de la autora, y corresponden a paisajes, templos y curiosidades que se pueden encontrar en un crucero por el Nilo, entre las ciudades de Luxor y Asuán. 

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