Un atentado en Egipto

Pirámides de Giza con autobús turístico

Estas Navidades las he pasado en Egipto, y mientras estaba allí, hubo un atentado terrorista. Fue una bomba oculta en la carretera, estallada al paso de un autobús turístico muy cerca de las Pirámides. Diez heridos y cuatro muertos, tres turistas vietnamitas y su guía egipcio. Víctimas al azar de un conflicto que, probablemente, ni siquiera conocían en profundidad.

Al leer los periódicos españoles en los días posteriores, me sorprendió que se tratara el asunto con cierta indiferencia. Como si el terrorismo en Egipto fuera algo esperable. Muy distinto de la consternación y el horror que nos invaden cuando el atentado ocurre en Francia o Inglaterra. Los países árabes… ya se sabe. Y casi igualmente llamativo: Nadie en Occidente relacionó lo ocurrido con un acontecimiento que había llenado las portadas de todos los medios egipcios: Al Sisi, presidente de Egipto, había estado en las Pirámides el día anterior al atentado, saludando a los visitantes y congratulándose de la vuelta a la normalidad del turismo en el país.

Precisamente ese día las visitamos nosotros, y ya al llegar notamos una atmósfera distinta de lo habitual. No se veía un solo vendedor ambulante de baratijas, (lo cual es extraordinario en Egipto), ni hombres ofreciendo el clásico paseo en camello. Al presidente no llegamos a verlo, pero la verdad, fue un lujo disfrutar del monumento más popular de Egipto con total tranquilidad.

Más tarde, otro grupo de españoles que sí habían coincidido con Al Sisi nos contó su pequeña aventura. Estaban emocionados porque habían tenido acceso a una zona fuera de ruta para saludar al presidente y que éste se retratara con ellos. Fue esa foto, la del presidente rodeado de turistas occidentales junto a las pirámides, la que copó las primeras planas de los periódicos egipcios al día siguiente. Y esa noche, los terroristas hicieron estallar un autobús. Casi como una afrenta «personal» contra los intentos de Al Sisi por revitalizar el principal motor de la economía del país.

Quien conozca un poco la historia moderna de Egipto coincidirá en que Al Sisi no es ni un angelito ni un líder ejemplar. Sin embargo, matar a cuatro vietnamitas por minar su credibilidad acerca de la seguridad turística del país es incuestionablemente ruin y cruel.

Egipto podría ser un destino de ensueño. Lo tiene todo: exotismo, una cultura milenaria, sol… De hecho, antes de 2011 lo era. Pero la inestabilidad que sucedió a la caída de Hosni Mubarak durante la Primavera Árabe hizo el turismo insostenible. En 2014, los ingresos de monumentos tan emblemáticos como las Pirámides o el Templo de Karnak habían caído tanto que el Gobierno dudaba de poder mantenerlos abiertos. Una anécdota muy significativa: Antes de mi viaje traté de conseguir una guía del país y me encontré conque habían dejado de editarlas. Mientras que países como Mauritania o Filipinas tenían una colección de guías para elegir, para un destino antaño tan popular como Egipto, sencillamente no había nada.

Sin embargo, Egipto llevaba un par de años bastante tranquilo. No había habido ataques a extranjeros desde 2015, y las agencias de viajes publicitaban de nuevo la tierra de los faraones. 2018 iba a ser el año. El punto de inflexión. Los cruceros volvían a navegar por el Nilo después de siete temporadas varados en sus riberas. Los hoteles se llenaban de nuevo. En todo el viaje sentías una atmósfera de optimismo y bienvenida.

El 10% del PIB egipcio depende del turismo. Ahuyentarlo quizás incomode a «los regímenes opresores del mundo occidental», pero a quien realmente perjudica es a esos musulmanes por quienes los terroristas dicen luchar. ¿Por qué lo hacen, entonces? ¿Por qué dañan a sus compatriotas, a sus hermanos de religión? Pues porque atentar contra el turismo es la vía más rápida de obtener repercusión mediática. Así, dan cobertura a su mensaje político. Porque, no nos engañemos. Los yihadistas no atentan por motivos religiosos. Detrás de un ataque terrorista, siempre hay una razón política. Siempre.

La visita de Al-Sisi a las Pirámides parecía ser algo realmente excepcional para los egipcios. Al día siguiente, la gente reconocía a los españoles de la foto por la calle. Los saludaban, sonrientes, como si fueran famosos. Todo era regocijo. Esfuerzos por normalizar la situación. Alegría porque los turistas, por fin volvían a Egipto. Y esa misma tarde, un nuevo atentado derrumbó las esperanzas de recuperación del sector. Porque, a pesar del horror que nos sacude cuando hay un atentado en Londres o París, seguimos sin considerarlos destinos peligrosos. En cambio, ¿cuántos años pasarán hasta que Egipto recupere la fama que tanto está dañando el terrorismo?

Fotografía publicada en el periódico egipcio Ahram
el 27 de diciembre de 2018, mostrando al presidente Al Sisi rodeado de turistas españoles.

La imagen de portada es obra de la autora (Diciembre 2018)

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